¡Teatro para el fin de semana!

Para este fin de semana, te traemos dos obra que no te puedes perder.

Como quieras perro ámame

Esta comedia musical, con más de 2000 funciones en cartelera y siete años de éxito, es una divertidísima comedia romántica musical en la cual, Samantha, una mujer cuarentona, divorciada y no muy conforme por como el amor la ha tratado, decide escribir un libro en el cual compara a los hombres con perros.

Por otro lado encontramos a Max, el típico galán arquitecto, que además ha sido engañado por sus últimas novias. Él no entiende qué pasa con el mundo de las mujeres hoy en día.

Una noche, Samantha y Max, sin saberlo, coinciden en un restaurante donde a los dos los dejan plantados sus respectivas citas. Max se da cuenta de la presencia de Sam, y al concluir que a los dos les hicieron lo mismo, la invita a cenar para desahogarse y tratar de hacerla pasar un mejor rato.

Todo comienza a tornarse divertidamente complicado cuando Samantha se da cuenta de que él es muy joven para ella y a la vez Max percibe un odio de Sam hacia todos los hombres en general.

La obra avanza a medida en que Sam y Max durante la noche, tratan de desenmarañar los secretos que oculta el poder tener una relación estable cuando tanto los hombres como las mujeres son un dolor de cabeza.

Ellos reviven sus historias personales representando a las parejas que han tenido durante su vida sentimental por medio de temas de grandes artistas entre los que destacan: Luis Miguel, Manzanero, Sin Bandera y Arjona. La cita de estos dos personajes pasa de ser seria a divertida con momentos tristes y otros muy festivos, es un sube y baja de emociones.

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El juego que todos jugamos

Esta divertida  puesta en escena constituye, en gran parte, una crítica analítica y realista de las deficiencias y temores humanos, es por esto que la descripción de los personajes podría presentarse como un auto análisis, pues estos hacedores del juego, son personas comunes, como cualquier ser humano; de todos los ámbitos sociales, económicos, educativos, religiosos.

Al estar ahí como espectador resulta difícil no identificarse con las diferentes escenificaciones: el político que vive esperando pasar a la historia, el comunista que espera la revolución mundial, el burócrata que vive esperando un aumento de sueldo, el comerciante que espera hacerse millonario, el profesor que vive esperando llegar a rector, el enfermo que espera la cura de su enfermedad, el religioso que espera llegar al paraíso, y así como éstas, se exponen otras muchas situaciones en las que, tristemente, los seres humanos vivimos esperando soluciones, sin tomar en cuenta que el potencial de solución radica en nosotros mismos.

Jodorowsky expone lo que considera el estado real en que se desenvuelve la humanidad y el estado ideal en el que debería desenvolverse, brindado al público la oportunidad de reflexionar y meditar sobre sus comportamientos y actitudes. Esta obra nos lleva a la conclusión de que la solución somos nosotros. Exigimos un mejor mundo, sin darnos cuenta que formamos parte de él, y por tanto, de la solución para lograrlo. Una obra muy divertida con un gran mensaje. El espectador saldrá del teatro sintiendo cambiado.

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