Midsommar de Ari Aster

Por Salvador Cañas

El neoyorkino Ari Aster (Hereditary) confecciona con su segunda pieza, un ejercicio narrativo inquietante, que desde la luminosidad de imágenes preciosistas de enorme mérito empático audiovisual logra obscurecer con gran naturalidad, conceptos como la pérdida, el dolor y la ruptura que son posiblemente las semillas de ésta narrativa, que con gran genialidad los logra deformar de la realidad, para imbuirnos en un viaje a la locura.

Midsommar se erige desde la contención dramática, la cual definitivamente se desbordará desde una estilización de los planos largos y abiertos, que van edificando poco a poco, todos y cada uno de los de los detalles pictóricos y paisajistas que van tejiendo ésta historia negra inmersa en un verano donde la noche no se obscurece para imprimir sobre la pantalla violencia desnuda que consigue situarnos en la naturaleza salvaje primigenia.

La sangre estilizada merece ser distinguida a diferencia de la gratuita sin sustancia, porque eso matiza a la pieza con un tono incómodo y fascinante a la vez, que se intensifica con la música de Bobby Krilc, la cual se convierte en otro de los personajes otorgándole constantemente una aflicción sónica misteriosa.

No está de más mencionar que la distribuidora y productora A24, trabaja por segunda ocasión con el cineasta y que dicha firma tiene en su catálogo a El sacrificio del ciervo sagrado, La Langosta, Ex Machina, Climax y Hereditary, solo por mencionar algunos títulos que desde distintas perspectivas plantean un séptimo arte que ha marcado una diferencia en los último años.

Empatar una festividad de secta que solamente ocurre cada 90 años y que se centra en una serie de rituales paganos violentos, con la liberación de la protagonista inmersa en un desajuste emocional parece complicado e inusual; porque se corre el riesgo de que lo primero tome tal importancia que produzca el desvanecimiento de lo segundo, que es lo que realmente le interesa al director resaltar de ésta arriesgada narrativa.

En la búsqueda natural por su propio estilo, Aster con su segunda entrega logra proyectar con grandes expectativas un trabajo cautivador, en aras de un séptimo arte de horror en redefinición durante los últimos años, no sin que marquemos la referencia directa que tiene con El hombre de mimbre de Robin Hardy de 1973, al involucrar en su narrativa rasgos de antiguos actos paganos.

Midsommar, se presentó como función de clausura del reciente Macabro 2019 y se estrenará en salas de la Ciudad de México en los próximos días, sin duda, es una experiencia estética que detona la conversación alrededor de una serie de secuencias altamente cuidadas, una música exquisita y un meticuloso diseño de audio, los cuales en conjunto, contribuyen sustancialmente al impacto cognitivo de la misma.