Antonio Caballero. Fotografía 1953-1985

Merecedor de exposiciones en todo el mundo, el fotógrafo Antonio Caballero tendrá su primera retrospectiva en México. Presentada por la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la muestra Antonio Caballero. Fotografía 1953-1985 permanecerá en exhibición hasta el 8 de septiembre en el Museo de Arte Moderno (MAM).

Integrada por cuatro núcleos temáticos (Obra temprana y fotoperiodismo, Las muchas caras del retrato, Caballero y el mundo de la pantalla grande y los espectáculos, y Del retrato como “Puesta en escena” a la fotonovela), la exhibición curada por Iñaki Herránz se integra de 143 piezas, entre las que destacan fotografía vintage, fotonovelas, cámaras fotográficas, álbumes musicales e impresiones contemporáneas.

En la retrospectiva que se exhibe justo a 10 años de que la primera obra de Caballero ingresara a las colecciones del INBAL se realiza un recorrido por su trayectoria, que inició en 1953 cuando era adolescente y su padrastro le obsequiara una cámara con la que comenzó a captar diferentes escenarios de su natal colonia Guerrero.

Ese mismo año se emplea como asistente de Héctor García y aprende el oficio directamente de uno de los mejores fotorreporteros mexicanos del siglo XX. A partir de ese momento incursiona en el fotoperiodismo.

De la fotografía de sus inicios transitará al registro de eventos sociales, deportivos y de la vida política, con méritos tales que se convirtió en un fotógrafo cercano a las actividades de varios presidentes, en particular de Adolfo López Mateos.

A lo largo de su carrera, Caballero desarrolló reportajes gráficos de muy variada índole a la par de su trabajo en el estudio fotográfico y de la creación de fotonovelas. Sin embargo, es su incursión en el ámbito de la prensa especializada en la pantalla grande la que resultaría determinante para el resto de su carrera.

A diferencia de lo que se cree, Caballero no saltó a la fama por lograr de manera incidental aquella famosa imagen de Marilyn Monroe en 1962, cuya autoría le fue reconocida décadas más tarde. Por el contrario, en aquel tiempo Caballero ya poseía una agenda cotizada por innumerables celebridades del mundo del cine, vedettes, modelos, bailarines, cantantes, músicos, escritores, deportistas y políticos.

Su obra va más allá de las tomas de estudio y también comprende un diverso ir y venir de encargos comerciales. Así es posible distinguir entre tomas casuales, registros en el set, encargos posados para la prensa ilustrada, shootings contratados por los propios artistas y otras comisiones, tan diversas como catálogos de peinados o portadas de discos.

En sintonía con su interés por el mundo del espectáculo, no solo el de la pantalla grande, sino también el mundo del teatro y los cabarets, Caballero se aventuró a finales de los sesenta a poner su propia agencia: Representaciones Artísticas Cinematográficas (RAC), desde la cual manejó a artistas de varios países y llevaba las relaciones públicas y comerciales de figuras como Angélica María, Verónica Castro, María Sorté, Olga Breeskin y la familia de Angélica Ortiz.

Desde 1965 publicó fotonovelas dentro de las revistas Nocturno y Rutas de Pasión de Novedades Editores. La realización de aquellos títulos, usualmente románticos, pero también caracterizados por una narrativa melodramática o de tono tragicómico, representaba un reto comparable al de la realización cinematográfica. Tras haber realizado más de 500 fotonovelas, los años ochenta vieron el ocaso del género. La quiebra de esa industria editorial, aunada a la pérdida de su estudio en el terremoto de 1985, orilló a Caballero a un prematuro retiro.

La muestra Antonio Caballero. Fotografía 1953-1985 se acompaña de una publicación que revisará de manera más amplia su trabajo. La investigación, exposición y publicación del libro han sido posibles gracias a la generosidad de Caballero, quien abrió sin restricciones las puertas de su archivo.

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