Monstruosismos

La Secretaría de Cultura, por medio del Museo de Arte Moderno (MAM) y el Museo Mural Diego Rivera, presentó la muestra Monstruosismos en dos sedes sucesivas, dos capítulos y dos fascículos a cargo de la narradora, ensayista y editora Daniela Tarazona (México, 1975).

La muestra del MAM está integrada por 64 obras “anormales” o “degradadas” que desafían el patrón común de lo bello, lo verdadero y lo justo. Cuarenta y cuatro pertenecen al acervo del museo y el resto a otras colecciones públicas y privadas, ofreciendo a la memoria y a la mirada un paseo sembrado de sorpresas por los avatares del monstruo en sus representaciones artísticas, desde un lienzo anónimo del siglo XVIII hasta una fotografía digital del año 2000.

¿Cuándo aparecieron los primeros monstruos en la pintura y la literatura? Difícil rastrearlo, dada la vastedad de este concepto indisociable de la mitología y la ficción, y posteriormente de la iconografía satánica en el medioevo. Desde la Grecia antigua, el arte occidental se ha poblado de criaturas escalofriantes, destinadas a recordarnos que el mal no es un atributo ajeno a las contradicciones de la naturaleza humana y de la civilización; hoy, bajo el efecto del cine clasificación A, dragones y bestias peludas ya no inspiran el miedo y la repugnancia que suscitaban antaño, despojados de sus connotaciones sobrenaturales e inmorales en la sociedad laica.

Monstruosismos se divide en cuatro núcleos temáticos, el primero muestra que el inicio es la celebración de lo monstruoso. Las máscaras son propicias para que se manifiesten otros: identidades desconocidas superpuestas. Los rostros están escondidos por ahora, son potencias por venir. Los luchadores, frente a los ojos de los artistas, ejemplifican la distinción y el triunfo. La Madre Tierra es testigo de las anomalías; una mujer sostiene en la cabeza varias iguanas y predice la próxima animalidad.

En el segundo vemos que toda deformidad es anunciada por un animal. Un bicho punza con un aguijón la frente de un hombre, otro quizás haga una revelación. Hay un pleito de perros. Aparecen seres duales, híbridos: la cabra serpiente, un gato-pájaro en rojo o los gemelos, animales consumados cuyas intersecciones revelan espacios nuevos de significado. Lo monstruoso desdibuja lo que se lee en los cuerpos.

El tercer núcleo nos dice como la reunión se convierte en un acto atravesado por el sacrificio. Lo monstruoso se ha suspendido del suelo, como si los propios animales se ofrecieran en un rito de purificación. Dos hombres religiosos acompañan la imagen de un torso cubierto con una piel de serpiente. Los torsos de cuero enseñan el cuerpo fragmentado: más allá de la animalidad, hay cuerpos excluidos.

En el núcleo final, los cuerpos padecen, hay violencia y dolor; la vida se oscurece y las figuras explotan o se desdibujan, se desmarcan y se fugan. Los cuerpos indican el mundo más allá de sí. Las calaveras toman su lugar y aparece un osario. Se ve el rostro que escurre su propia identidad desviada, abyecta, corrompida. Al final, el hombre vuelve a enfrentarse a sí mismo.

La exposición puede visitarse hasta el 16 de Abril de 2017.

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