Dechado de Virtudes. Historias de labores femeninas. Siglos XVIII-XX.

La exposición Dechado de virtudes. Historias de labores femeninas. Siglos XVIII-XX,  en el Museo Amparo fue organizada en colaboración con el Museo Textil de Oaxaca, el Museo Franz Mayer, el Museo de San Ignacio de Loyola (Vizcaínas) y el Museo de Historia Mexicana, y cuenta con la curaduría de la Maestra Mayela Flores Enríquez.

En la exposición se revisarán las generalidades sobre la historia del dechado y se ahondará en las particularidades del caso mexicano en relación con una temporalidad que abarca desde la época del virreinato y hasta la primera mitad del siglo XX.

Durante el virreinato, a lo largo del siglo XIX y ya entrado el siglo XX, las “labores de hilo y aguja” fueron aprendidas y practicadas por las mujeres en diversos contextos. Ya sea en colegios, conventos, beaterios o en el hogar, el aprendizaje y ejercicio de este tipo de tareas tuvo como protagonista a los dechados, convirtiéndolos en reflejos de las tendencias en la educación femenina. Las piezas resultantes fueron usadas a manera de muestrarios de costura, sirvieron a sus dueñas como un ejercicio propiciatorio de las “virtudes femeninas” y como ejemplo de trabajo y perfección.

La exposición destaca como protagonistas justamente a los dechados, aquellas obras que formaron parte de un fenómeno específico de la tradición material femenina. Estas piezas son presentadas como los detonadores de una reflexión sobre sus materiales, técnicas, formas y discursos, la cual es posible gracias al reciente interés por parte de investigadores, coleccionistas y museos en darles un foro y en llamar la atención del público sobre sus autoras y antiguas dueñas, quienes inmortalizaron su vida, ideas e historias a través de delicadas puntadas.

Los dechados exhibidos provienen de las colecciones del Museo Textil de Oaxaca, del Museo Franz Mayer, del Museo de San Ignacio de Loyola (Vizcaínas) y del Museo de Historia Mexicana, así como del acervo particular de las coleccionistas Carmen Boone y Alicia Bazarte.

A grandes rasgos, los dechados son lienzos, generalmente de formato rectangular, en los que niñas y mujeres plasmaron el resultado del tiempo que dedicaron a aprender y a dominar el trabajo con el hilo y la aguja. Generalmente, comprenden ejercicios y muestras de bordado y deshilado en diversas técnicas, aspectos que en su momento sirvieron para constatar la habilidad de sus autoras y que ahora nos revelan las tendencias que en este sentido imperaron en distintas épocas.

Los dechados fueron una práctica común alrededor del mundo, incluso se conservan piezas que datan del siglo XIV y que señalan a Europa Occidental como la cuna de esta tradición. En el caso de México, los ejemplares más antiguos que se conocen fueron realizados durante el segundo tercio del siglo XVIII, de esta época sobreviven pocas obras, siendo más comunes las correspondientes a la centuria siguiente. Definitivamente, durante el siglo XIX, la práctica de los dechados se consolidó y difundió a lo largo de todo el país, dando paso a su intercambio a manera de obsequio, resultando en la temprana dispersión de ejemplares más allá de su contexto inmediato e inclusive, más allá de las fronteras nacionales.

Los dechados y los minuciosos trabajos que presentan apelan a la imaginación, obligando al espectador a pensar en la vida e ideales de sus autoras. Al haber sido creados en comunión con una concepción de la educación de la mujer que privilegiaba el cultivo de las virtudes religiosas y el empeño de cierta parte del día en este tipo de ejercicios, mejor conocidos entonces como “labores mujeriles”, los dechados resumen dichas aspiraciones y valores. Esto cobra mayor sentido al considerar que el término “dechado”, en su acepción metafórica, supone una muestra o modelo que se tiene para imitar, concepto aplicable a las personas, a las prácticas y a las obras, y que, debido a esta característica, también llegó a servir como uno de los tantos juegos de palabras que sirvieron para referir a personajes como Cristo o a la Virgen María, conocidos también como “dechados de virtud”.

En la exposición se presentan 111 obras, organizadas en tres ejes temáticos:

1. Regla y ejemplo. Incluye, los orígenes del dechado en México; Antecedentes e influencia desde la tradición católica; Dechados de chaquira y Formas, motivos y patrones.

2. Labores en hilo y aguja, que incluye el dechado durante el siglo XIX; Labores mujeriles y de motivos e inspiración.

3. Virtudes mujeriles que incluye, Dechados magistrales; El dechado y los diálogos con las culturas indígenas y El dechado en el México moderno.

Los dechados, como piezas que formaron parte de un fenómeno específico de la cultura material femenina, revelan los pormenores sobre la intimidad y la cotidianeidad de las mujeres, y se muestran como testigos de la vida y valores de sus creadoras, además de ayudarnos a construir una historia de los textiles, así como de los diseños y prácticas que moldearon su identidad.

Dechado de virtudes. Historias de labores femeninas. Siglos XVIII-XX se inauguraró el sábado 12 de marzo con una charla a cargo de la curadora Mayela Flores.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el 9 de mayo en las Salas de Exposiciones Temporales del Museo Amparo.

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