De RUBENS a VAN DYCK: La pintura flamenca en la colección Gerstenmaier

Gaspar-Pieter Verbruggen II, Amberes, 1635 -1687. Jarrón con flores y guirnaldas de fruta. Óleo sobre lienzo.

El Museo Nacional de San Carlos deleita con tres siglos de arte en la exposición De Rubens a Van Dyck. La pintura flamenca en la colección Gerstenmaier, en la que se puede apreciar un colorido y luminoso repertorio de más de cincuenta obras del género.

Hans Rudolf Gerstenmaier se ha dado a la tarea de reunir obras representativas de la pintura flamenca de grandes artistas como Peter Paul Rubens, Martín de Vos y Anton Van Dyck. Cada pieza ofrece una escena plena en detalles, en juegos de luces así como en el cuidado de su composición.

Esta exposición se centra en las obras de la Escuela Flamenca a través de grandes maesetros como Rubens o Van Dyck. La selección realizada para esta ocasión abarca distintos géneros artísticos para profundizar mejor en las principales características de los artistas representantes de esta época. De esta forma, las pinturas religiosas, los retratos, los bodegones, los temas mitológicos o las naturalezas muertas se mezclan en esta colección logrando una armoniosa diversidad.

Las obras de carácter religioso muestran trabajos en los que la fe cristiana es la fuente principal de la inspiracion del artista. La producción de los pintores flamencos dentro de este marco fue de una gran calidad y sus obras devocionales se caracterizan por su virtuosismo y por sus colores brillantes.

Entre los pasajes más representados en estas pinturas religiosas se destacan la infancia de Jesús, la Pasión o la vida de la Virgen.

Círculo del Maestro de la Adoración von Groote, activo 1510-1520. Tríptico de la adoración de los reyes. Óleo sobre tabla.
Círculo del Maestro de la Adoración von Groote, activo 1510-1520. Tríptico de la adoración de los reyes. Óleo sobre tabla.
Victor Wolfvoet, 1612-1652. Calvario. Óleo sobre tabla.
Victor Wolfvoet, 1612-1652. Calvario. Óleo sobre tabla.

Otro de los temas presentes en la muestra es el de la mitología. Si bien la cultura occidental tenía como pilar fundamental el cristianismo, no se puede dejar de lado la importancia de la tradición grecolatina, más allá de que es cierto que el alza delas creencias grecolatinas quedó en un segundo plano tras la caída del Imperio Romano hasta el florecimiento del Renacimiento. Será entonces cuando el hombre cree encontrar en la Antigüedad una serie de valores que no destacaban en el Medievo. Esta idealización de la cultura grecorromana y la aparición de múltiples documentos, obras de arte y restos arqueológicos son lo principales motivos que llevarán a la recuperación de la tradición clásica. Los artistas tomarán como fuentes para sus obras textos clásicos de Homero, Horacio, Salustio, Séneca, Sófocles, Eurípides, Heródoto, Vitrubio, entre otros.

Drie schikgodinnen, Hendrick Goltzius, 1588
Drie schikgodinnen, Hendrick Goltzius, 1588.

A partir del Renacimiento el retrato cobra importancia y comienza a considerrse como un género independiente. El ser humano ocupa el centro del universo y el hombre posee la vanidad suficiente como para er el protagonista de una obra de arte. Estas pinturas se asocian entonces a determinados estatus y están reservadas a ciertas clases sociales.

Anton Van Dyck, siglo XVII. Pavlus de Vos. Tintas de impresión grasa sobre papel verjurado.
Anton Van Dyck, siglo XVII. Pavlus de Vos. Tintas de impresión grasa sobre papel verjurado.

A partir de finales del siglo XVI, se asiste a cierta democratización del retrato y se tienen en cuenta los méritos de la persona. Así ocurre en la serie “Iconografía de hombres ilustres” de Van Dyck en la que los protagonistas son intelectuales, artistas o políticos.

Hasta el siglo XV el paisaje quedaba relegado a un segundo plano y siempre aparece como complemento de un tema central. El artista alemán Alberto Durero utilizó por primera vez el término paisaje anotando que Joachim Patinir era un gran pintor de paisajes. En esa misma época el humanista Marcantonio Michiel utilizó ese vocablo para hablar de la obra maestra de Giorgione, “La Tempestad”.

Desde entonces el paisaje se reconoce como un género artístico con entidad propia que permite a los pintores mostrar sus visiones del mundo natural, y eventualmente, mostrar el lugar que ocupa el hombre dentro de éste. Aunque no se incluya ninguna figura humana, el paisaje implica un espectador por lo que siempre, en el fondo, debe ser entendido en su relación con el hombre. En la muestra se podrá ver la obra de “La Virgen del a leche” en la que la Virgen María y el Niño se encuentran en medio de una naturaleza exultante.

Anónimo de la escuela Flamenca, siglo XVI, Virgen de la leche. Óleo sobre tabla.
Anónimo de la escuela Flamenca, siglo XVI, Virgen de la leche. Óleo sobre tabla.

También se pueden apreciar algunas creaciones en las que la naturaleza se convierte en protagonista. El uso del paisaje irá cobrando impotancia hasta captar el interés de los comitentes, que comenzarán a encargar este tipo de pintura. El paisaje, como género independiente, sirvió como campo de experimentación para adentrarse en copiar directamente del natural, y el dominio en la representación de texturas diferentes y, sobre todo, como escenario en el que jugar con los efectos lumínicos.

Joost de Momper el joven y Pieter Brueguel el viejo, 1564 - 1635 / 1568 - 1625. Paisaje de montaña con mulas. Óleo sobre tabla.
Joost de Momper el joven y Pieter Brueguel el viejo, 1564 – 1635 / 1568 – 1625. Paisaje de montaña con mulas. Óleo sobre tabla.

Por último, el bodegón ocupa una parte destacable en la exposición. La composición de los objetos, el juego de la luz y el claroscuro, la perfecta imitación de la naturaleza en busca de aparentar la realidad, el estudio de la materia y el alarde técnico, son sólo algunas de las características de este tipo de piezas.

Alexander Adriaenssen, Amberes, 1587 - 1661. Naturaleza muerta con pájaros. Óleo sobre tabla.
Alexander Adriaenssen, Amberes, 1587 – 1661. Naturaleza muerta con pájaros. Óleo sobre tabla.

En cuanto al significado podemos distinguir dos amplios grupos entre los que no hay una frontera clara: aquellos bodegones en los que solamente se busca reproducir la naturaleza y, aquellos en los que un significado alegórico y místico se esconde en cada uno de los elementos y en el conjunto de una composición.

La obra “Naturaleza muerta” de Jan van Kessel El Viejo es una de las piezas más importantes del corpues de la muestra. Sus grandes dimensiones lo convierten en singular y ademas es una de las obras preferidas del coleccionista Gesternmaier. Este mágnifico bodegón reúne elmentos como flores, frutas, verduras, jarrones y todo ello enmarcado por telas y con un magnifico paisaje crepuscular.

JAN VAN KESSEL EL VIEJO. Naturaleza muerta. Óleo sobre lienzo. 129 x 185 cm
JAN VAN KESSEL EL VIEJO. Naturaleza muerta. Óleo sobre lienzo. 129 x 185 cm

Por último, las composiciones florales en la que los pintores flamencos demostraronsu reservas su  maestría. A veces en guirnaldas o cestos, en otras ocasiones en jarrones pero siempre sobresaliendo la belleza de la composición y los tonos brillantes. Obras delicadas y dignas de observación pues los detalles son tan sútiles que pueden encontrarse varias sorpresas.

Gaspar-Pieter Verbruggen II, Amberes, 1635 -1687. Jarrón con flores y guirnaldas de fruta. Óleo sobre lienzo.
Gaspar-Pieter Verbruggen II, Amberes, 1635 -1687. Jarrón con flores y guirnaldas de fruta. Óleo sobre lienzo.

Esta es una oportunidad única para realizar un recorrido a lo largo de dos siglos por la pintura flamenca. Gracias a la tenaz labor del coleccionista Hans Rudolg Gesternmaier, el espectador podrá adentrarse en una época pasada y un lugar lejano, en el sentir de los artistas flamencos que ocupan un puesto privilegiado dentro de la historia del arte.  Además, cabe destacar el extraordinario trabajo de curaduría de Marisa Oropesa.

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